
Lugar: El contaminado Distrito Federal, la ciudad más grande del mundo.
Población: Pues, un buen de raza, algo así como veinte millones de personas.
Quienes durante el día, trabajan, comen, estudian, duermen, viven y hacen otros menesteres menores en un lugar por demás irreal. Cualquier cosa puede pasar en el Distrito Federal. Por eso lo escogió Cupido, el eterno niño alado, que se encarga de flechar corazones, y que en sus años de plenitud, junto con los de su estirpe eran venerados por toda la gente. Actualmente son sólo recordados en películas y a veces en las clases.
Esa mañana, Cupido, andaba desvelado, se había pasado toda la noche flechando en bares, discos y antros. Esperando tener un poco de suerte, pero entre tanta gente es difícil encontrar dos corazones que se complementen.
Sólo logro una reconciliación, una segunda cita, veinte “acostones” de una sola noche, y eso que tuvo la ayuda de Baco[1], para rematar su ardua tarea, una pareja de perros vagabundos encontraron un hogar en las casa de una anciana achacosa.
Esa mañana ya estaba por mandar al diablo todo y cambiar el arco y la flecha por un trabajo de verdad, según años atrás le habían dicho sus padres y qué razón parecían tener en ese momento.
Ser guionista de telenovelas o escribir el libro pasional, o ser el Doctor Corazón del Gráfico, todas estas opciones giraban en su cabeza cuando vio a un joven, a quien le envolvía la tristeza……
[1] También conocido como Dioniso (en griego antiguo Διώνυσος Diônysos o Διόνυσος Dionysos) es el dios del vino, inspirador de la locura ritual y el éxtasis.
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