viernes, 26 de noviembre de 2010

El viaje (Parte II).

Intentaste continuar leyendo el libro, pero una sensación de encierro te hizo buscar la salida. Caminaste hasta la entrada pero una sensación extraña un hueco en el estomago frustro tu salida, solamente te quedaste en la puerta viendo hacia la calle, pensando en la novia que te espera en casa.
Estabas recordando que la última vez que la viste, fue en un sitio parecido una central de camiones donde tanta gente llega y tanta se despide, un lugar donde las emociones se encuentran a flor de piel. Estabas ensimismado recordando cuando otros ojos te sacaron de tus pensamientos. Frente a ti se encontraba un perro sentado, mirándote fijamente, después de verlo por algunos segundos un recuerdo inundo tu ser, el perro era idéntico a aquel que tuviste de niño, un labrador color miel de ojos melancólicos y con un paliacate rojo atado al cuello como el que recuerdas.
El perro se levanto camino hacia a ti y después de olfatear tus zapatos atravesó la sala de espera y lo viste perderse detrás de la puerta por donde también desaparecían los pasajeros en ese momento. Lo que termino de hacer de este momento algo por demás extraño fue que nadie presto atención al perro, ni siquiera el niño-cobrador-maletero-boletero le dio importancia alguna.
Tus recuerdos se enfilaron a aquel día en que el güero salió corriendo a la calle tras la pelota que pateaste a través del zaguán, de ese zaguán negro por el que nunca volvió a entrar. Una lagrima se asomo por tu mejilla, ya habían pasado muchos años y aun te sentías culpable de lo que paso aquella tarde.
Regresaste al interior de la sala y te sentaste en el primer asiento que encontraste. Buscaste en tus bolsillos algo a que asirte y lo hallaste. De la bolsa izquierda de tu chaleco sacaste un pequeño muñeco de plástico, un luchador, el clásico muñeco aun con las rebabas del molde en que fue hecho.

El zumbido  de un mosquito en tu oreja, te hizo manotear, en ese momento te diste cuenta que ya ha oscurecido. La negra noche había tendido su manto, como dijera aquella canción.
el sonido del altavoz volvió a cortar el aire,llamando en esta ocasión a los pasajeros con destino a San Pedro pasando por la Sierra, una gran cantidad de gente se levantó de sus asientos, todos con cara de afligidos. La mayoría llevaba gruesa ropa o mantas y envoltorios con comida.

Una joven pareja pasó a tu lado, ella iba murmurando "¡porqué, porqué!" y él la consolaba "... por que ese el camino que elegimos" mientras la abrazaba agregó "... no te preocupes es un camino largo, pero al final llegaremos"

La sala de espera quedó casi vacía, sólo quedaron algunas personas dispersas por la sala hasta  el niño boletero- maletero había desaparecido. El kiosko ya se encontraba cerrado. No te quedó más remedio que tomar asiento en la primer banca que encontraste cerca de ti.

Se apagaron la mitad de las luces de la sala  de espera, te acurrucaste en la banca, pensando que ya faltaba poco tiempo, ya casi saldría tu camión y ahí si podrías dormir plácidamente.
el sueño comenzó a vencerte lentamente hasta quedarte dormido. Soñaste con tus abuelos, con quienes ibas al parque que se encontraba cerca de tu casa, donde tantas veces jugaste de niño en sus columpios y resbaladillas oxidadas. Y en donde años más tarde se convirtió en punto de reunión con tus amigos dela secundaria y con algunas de tus novias.

- ¡Joven, joven!- te hablaba el niño boletero - maletero mientras te sacudía suavemente- Su camión ya va salir.

Rápidamente te incorporaste, y la sala estaba completamente desierta, levantaste tu mochila del suelo, le sacudiste un poco el polvo y seguiste al niño que rápidamente había pasado ya la puerta.

Al salir al pequeño patio de maniobras, te sorprendió lo clara que estaba la noche, la Luna iluminaba  todo. en el anden sólo se encontraba un camión estacionado, no tenía ningún letrero avanzaste hasta la puerta lentamente, subiste al camión que se encontraba en total oscuridad, al abrir la puerta interior la luz te deslumbro.

Sentados en los primeros asientos estaban tus abuelos, la señora que te pidió la hora, en ese momento la reconociste, era tu maestra de 4° año; aquella de la que te habías enamorado. El viejo que habías visto en la la tarde, era Don Felix, aquel que atendia la tienda de la esquina los domingos.

La impresión te hizo retroceder, tu abuela te tomó de la mano y te dijo
- Tranquilo hijo, tranquilo- de manera cariñosa- Hoy inicias otro viaje, todos venimos a acompañarte.

Tus ojos se llenaron de lagrimas, todo daba vueltas, tus rodillas ya no pudieron más y se doblaron, lo que hizo que cayeras al suelo hecho un ovillo[1]. El perro se acerco a ti y comenzó a lamer tu rostro, lo abrasaste mientras tus lagrimas caían irremediablemente.

Una voz  gruesa y profunda se escuchó en el altavoz del camión, e irrumpió en aquella escena

- ¡Muy Buenas Noches! Transportes La Barca les da la bienvenida, mi nombre es Caronte[2], y nuestro viaje apenas comienza.

FIN.
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[1] Ovillo: montón confuso de cosas.
[2] Caronte, es un personaje de la mitología griega, su nombre significa en griego antiguo Χάρων Khárôn, ‘brillo intenso’ era el barquero de Hades (Dios del inframundo), y era  el encargado de guiar las sombras errantes de los difuntos recientes de un lado a otro del río Aqueronte si tenían un óbolo (moneda de plata con valor de una sexta parte de dracma) para pagar el viaje,  por lo cual que  los cadáveres se enterraban con dos monedas en los ojos en la antigua Grecia. 

lunes, 22 de noviembre de 2010

El Diario de una Cabra Citadina.

Martes 12.

Querido diario el día de hoy fue como todos los demás. Mi dueño me llevó, al parecer, al único lugar donde hay pasto que comer, bueno en realidad esa hierba amarilla, seca y de sabor no muy agradable, pero al fin de cuentas con mucha fibra.. bee, bee, bee!!!! Qué acaso no te imaginabas que los demi especie contamos con un buen sentido del humor.

Como cada mañana mi dueño se levanto temprano, un poco antes de que saliera el sol, se lavó las manos y la cara en la pileta de agua que esta en el patio, de la cuál a veces Pan y Yo tomamos de ahí cuando nadie nos ve, por que si no nos regañarían.

Después de desayunar Don Miguel, como le llaman a mi dueño, tomó con una de sus manos los mecates con los que nos tiene sujetos del pescuezo a Pan y a mí, y con la otra, la mano de su pequeña hija Alondra, quien por la edad aun no va a la escuela.

Recuerdo la primera vez que salimos de la casa, la esposa de Don Miguel, le dijo "con pan y tortilla esos animales sólo se pondrán bofos y no servirán para nada, deberías de llevarlos por lo menos aquí al camellón para que coman pasto". Esas palabras nunca las olvidaré porque a partir de ese momento nos comenzaron a llamar Pan y Tortilla, son nombres que no los encuentro nada agradables pues día con día me recuerdan la gran desilusión que me lleve al ver aquella angosta franja de tierra seca y hierba amarillenta.

Pasto, nunca lo he conocido, prefiero el pan y las tortillas que en las tardes nos da Doña Chayo, tienen buen sabor y no lastiman mis encías, aunque a Pan todo le da lo mismo, dice que soy una cabra muy exigente y tal vez tenga razón.

Pero todo tiene su lado positivo, el estar toda la mañana en el camellón atados a un árbol tiene sus beneficios, para Alondra significa jugar en una llanta que cuelga de ese mismo árbol, y nosotros podemos disfrutar de los rayos del sol y de no ver solamente aquellas aburridas paredes de ladrillos grises.

Por ambos lados de aquella franja de tierra seca se encuentran otras franjas de tierra negra, dura y que con los rayos del sol se calienta tanto que traspasa las pesuñas hasta quemar el hueso, por ahí pasan unas cosas rarísimas que llaman autos, y que a su paso dejan nubes negras que no producen lluvia pero que hacen que los ojos ardan, son de todos los tamaños y colores que uno pueda imaginarse algunos producen grandes rechinidos, y otros rugen como bestias sin hocico.

Pero lo que en realidad me sorprende son los humanos, esos si que son animales que nadie puede entender, tal vez ni siquiera ellos mismos. A diferencia del camellón, enfrente de las casas que se pueden observar desde donde nos atan, crece hierba de un aroma agradable y de un verde que se antoja, pero he viso que no la comen y tampoco le dan los cuidados necesarios, los he visto arrancarla de raíz, la despedazan con artefactos puntiagudos, la amontonan junto a las cosas inservibles para después encerrar a aquella hierba mutilada en costales, que un auto de gran tamaño y fétido olor se lleva a no se donde.

Cómo pueden despreciar y arruinar ese tipo de hierba, con la que sueño probar algún día, cómo es que prefieren aquella tierra dura e inservible, que lo único que hace es quemar las patas. Si que los humanos están locos.

Pero entre sus más grandes locuras esta su maldad, he visto como otros animales sufren de los mismos maltratos como aquella inofensiva hierba. Los perros, son echados de sus hogares por estar enfermos, viejos o porque han crecido demasiado, he visto agonizar miles de gatos por envenenamiento, porque no a todos les gustan.

Pero entre lo que más me sorprende de su especie, es la hipocresía, pues una vez al año se reúnen a limpiar las calles, hablan de cuidar arboles, plantas, el agua y a los animales, pero después de eso siguen con sus actitudes cínicas que los contradicen.

Hasta he escuchado a Don Miguel hablar sobre el asunto, y piensa que no importa lo que se haga de todas formas las cosas siguen igual, pero si tan sólo en vez de que la hierba verde fuera desechada nos la diera a Pan y a mí, la hierba no se desperdiciara y nosotros no tendríamos las encías lastimadas, hasta puede que diera más leche para Alondra.

Pero con todo y eso, Don Miguel es muy bueno no es como todos aquellos de su especie, pues el sábado se va celebrar la Primera Comunión de Pilar su hija mayor, y ha invitado a Pan a comer con ellos. Cuando nos enteramos, felicite a Pan y desee que de platillo principal le sirvan pasto verde y fresco para que me traiga itacate.

Que afortunado es Pan, pues hasta Don Miguel lo nombró "el invitado de honor" en la mesa del banquete.


Viernes 15.

Ya mañana es el gran día no sólo para Pilar sino también para Pan, por fin va poder comer todo lo que haya en la mesa.

Aunque la verdad me encuentro un poco triste, pues Pan comerá todo lo que yo no podré, se me hace que esto es una especie de discriminación racial, pues el es un borrego y yo una cabra. No es justo, nunca he sido arisca, ni siquiera me he atrevido a molestar a Alondra a pesar de que me jale mis orejas o la barbilla.....

Pensándolo bien, estoy triste porque desde la mañana ya no he visto a Pan, ya no tengo con quien hablar....


jueves, 18 de noviembre de 2010

Al morir, nada nos llevamos....


Por Marisela C. Farías


Al morir, nada nos llevamos, es un dicho popular que no había comprendido hasta este mes de noviembre. Para quienes vivimos en México, noviembre es un mes que nos acerca a la muerte de una manera muy singular, con tradiciones coloridas, llenas de recuerdos de quienes la muerte ya los alcanzó y como personaje principal encontramos a una gran señora, La Catrina*; símbolo emblemático no sólo de estas celebraciones sino también de la picarda con que los mexicanos nos tomamos las cosas.
Pero volviendo al titulo de este texto, esta frase referente a la muerte, irónicamente tal vez, la he escuchado a lo largo de mi vida y siempre en contextos donde se hacia referencia a que no había que preocuparse por las cuestiones materiales sino por ser felices.
Esta frase encierra muchas cuestiones existenciales, pero más que respuestas sobre cómo se debe de vivir, morir o la felicidad, encierra cuestionamientos sin resolver.
Si no nos llevamos nada ¿Entonces que debemos dejar? ¿Qué significa ser felices? ¿Cómo se es feliz? Si muchos son infelices en su trabajo ¿Lo tienen que dejar?
Bueno, tal vez todo esto sean sólo disparates de una loca, no los culparía si en este momento por su mente pasará "tanto por una frase".
Tal vez aun no encuentre las respuestas a todas mis inquietudes, ni nunca lo haga, pero si obtuve una de las mejores explicaciones de esta frase, y todo se lo debo a una mujer, que por desconocer su nombre, la he llamado Juanita.
Juanita, es una mujer que se encuentra oficialmente en la clasificación de Los Adultos Mayores, es decir, tiene mas de 60 años. A pesar de que muestra tener buena salud, ya no tiene la fuerza suficiente en las rodillas, sufre de osteoporosis, aun trabaja vendiendo quesadillas, hace algunas composturas de costura y lo que puede para obtener dinero. Su esposo ya no trabaja, pues tiene problemas del corazón, y no cuenta con ninguna pensión, pues tan sólo hace un par de años se dedicaba a la albañilería, y nunca se encontró registrado en el IMSS.
A Juanita, siempre me la he encontrado en el camión, el que va para CU. Algunas veces porque acompaña a su esposo con el doctor, se baja en la zona de Hospitales en Tlalpan, otras porque va hacer servicio domésticos no se donde, esos si no lo se porque se sigue en el camión cuando yo me bajó.
Aunque nunca he intercambio ninguna palabra con ella, la conozco muy bien, siempre se sienta en el mismo lugar, con las mismas personas. Las empleadas domesticas, o Las Chachas como todos en el camión las conocen, se aglutinan en la parte trasera del camión, y aunque no vivan cerca de la base, prefieren tomar el camión ahí, pues la mayoría recorre todo el trayecto desde Santa Catarina, en los limites de Tlahúac y el Estado de México, hasta Tlalpan o más lejos.
Son inconfundibles por sus platicas, pues no hay día en que no se quejen de sus patronas. Entre ellas se llaman con mucho respeto, son Doña Rosita, Doña Petra, Doña Lupe, sin importar el rango de edad.
En este pequeño grupo de unas 8 a 10 mujeres se encuentra Doña Juanita, pero qué la hace diferente a las demás. Pues verán, además de quejarse de que su patrona es una explotadora, que ya esta harta de su marido, a quien sus ideas machistas y fatalistas lo han hecho un inútil y no sólo sus problemas cardíacos, que todo esta muy caro en el mercado o que sus rodillas ya no las aguanta.
Igual que yo toda su vida ha escuchado la frase Al morir, nada nos llevamos. Por enseñanzas de su madre nunca fue avariciosa, se caso con un hombre humilde de igual profesión, su casa es solo de una planta, una tele, la cual casi no ve, no asiste con doctores particulares, pues porque su vida es vivida por ella con humildad para alcanzar la gloria de reposar eternamente en el paraíso.
Bueno eso creía hasta hace algunos años, cuando no les iba tan mal, pero en una de idas y venidas en el camión, la escuche murmurar con una de sus comadres, algo que me causo mucha curiosidad.
Cada día que se levanta a las cuatro de la mañana, se siente con una fuerte melancolía por si misma, a pesar de seguir con las enseñanzas enraizadas en su comportamiento desde su infancia, no se siente feliz. Cómo, cada día más cerca de toparse con el destino, la muerte, no ha cumplido con el cometido que "Dios nuestro señor nos ha encomendado" (citando una de las frases que le repetía constantemente su madre), vaya ni siquiera lo hizo por el mal camino pues no tiene nada material a que aferrarse.
Su comadre la consoló en ese momento con otro dicho, con "buena salud y amor, que te puede faltar comadre", para lo que Doña Juanita le respondió "Mm.. salud, la tuviera si los doctores hicieran su trabajo, figúrese comadre, que el otro día que me sentía muy mal fui al centro de salud, me reviso el Doctor y me dijo que él no podía hacer nada, que debía ir casi con un pie en el hoyo para que me hicieran caso... ni siquiera me dijo que tenía".
Pobre Doña Juanita, cada vez que veía anuncios en la televisión sobre como la gente era feliz gracias a su Seguro Popular, no podía evitar pensar "Pinches paleros, eso no sirve pa' nada... mentiras, ¡puras mentiras eso de que lo curan a uno!"
Amor, también le engañaron con eso, pues con su esposo ya ni se habla, y bien sabe que llego a tener a una que otra Querida[1], "no más porque ahora está viejo y no tiene dinero está conmigo" . No sólo yo la desconocía en está conversación, también su comadre, quien con su silencio dejo correr el soliloquio de Doña Juanita.
La religiosa, sumisa y noble Juanita que vi mañana con mañana por casi cuatro años, ahora se sublevaba ante su credo, ante su difunta madre y ante sí misma.
Aunque apenas si se escuchaba su voz en medio del alboroto del camión, se podía apreciar la exaltación violenta que sufría su voz, pero también sus adentros.
Creí que ya había terminado su desahogo cuando se dijo "tal vez por algún momento en el que si fui feliz, pueda morir en paz cuando me toque", rematando esta frase con un silencio, para voltear por la ventanilla y mirar el camino del diario.
Sin embargo, con un suspiro dejó que en sus palabras fluyeran una de las reflexiones más convincentes que he escuchado sobre de que al morir nada nos llevamos.


"Creo que mi madre no entendió lo que quería decir esa frase, creo que nadie la ha entendido, pues nos han engañado comadre...
nos han tomado el pelo, y bien tomado, no nos llevamos nada a la tumba
no por que cambiemos riquezas y cosas materiales, como dicen por ser felices
más bien porque nos han enseñado a que no tengamos nada..."

Tal vez, Doña Juanita después de esto aparento ser la misma de antes, tal vez su comadre no tomó en serio lo que le dijo, pero lo que si sé es que a mi me cambio aquel discurso, que nunca pretendió serlo.
Porqué el Reino de los Cielos debe ser de los pobres hasta el día de su muerte, porqué no poder disfrutar de la vida. Para Doña Juanita, ella siente que es muy tarde, porque genio y figura hasta la sepultura.
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*La Catrina de José Guadalupe Posada, es una de las representaciones de la muerte que le ha dado vuelta al mundo. Posada nace en Aguascalientes, el 2 de febrero de 1852 y muere en la Ciudad de México el 20 de enero de 1913. Fue considerado por Diego Rivera como el prototipo del artista del pueblo y su defensor más aguerrido. Célebre por sus dibujos y grabados sobre la muerte y por ser un apasionado de dibujar caricatura política.

Desarrolló nuevas técnicas de impresión. Trabajó y fundó periódicos importantes. Consolidó la fiesta del día de los muertos, por sus interpretaciones de la vida cotidiana y actitudes del mexicano por medio de calaveras actuando como gente común.

[1] Sinónimo de amante, concubina.

Fragmentos y actividades dentro del marco del Taller Morelos entre líneas.   Mayo 2018.     Víctor Castro.   Soy un...