Fragmentos y actividades dentro del marco del Taller Morelos entre líneas.
Mayo 2018.
Ricardo Castro Mendoza.
Te veo a lo lejos mientas trabajo en el monitor, tu figura pequeña sencilla me atrae, como el río al viajante sediento.
Pienso, dudo y te evito, finjo no verte y me concentro en el trabajo. Te conozco desde mis años de adolescente y has sido invitado año tras año. Sudo, tiemblo y mi boca se llena de saliva, no puedo escribir, no he avanzado una maldita palabra.
Dude hace más de 10 minutos, tu aroma invade el ambiente, me levanto y te lanzo desde la ventana ¡ya fin de la historia! Problema resuelto, me retracto, mi corazón late más fuerte y salgo a buscarte entre los arbustos de la entrada del edificio.
Mis manos se arañaban con las ramas de los arbustos, no te encontre, me levanté y mire en la banqueta, baje de la acera y me arrodillé para tratar de hallarte, fue imposible.
Moví la basura y hojas de árbol, que yacían en la orilla, atrapadas esperando su triste desenlace en el fondo de un contenedor. Me nege a que te sucediera lo mismo me inundo la desesperación.
Todo lo que quise en esta ida me deja o desaparece, primero ella y aora tú. Camine hacia la puerta ya sin esperanzas cuando te ví, eras más pequeño que la última vez; como un grano de arroz. te tome suavemente en mis manos y suí feliz de que al menos tú, no me haías dejado solo.
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