
Al abrirse las puertas un fuerte empujón te hizo chocar con la puerta del otro extremo del vagón, el mar de gente rápidamente inundo lo inundo, dejándote muy poco espacio para acomodarte y sujetarte del tubo más cercano, todo esto mientras el tren comenzaba su viaje por la Ciudad.
Comenzaste a pensar en el estudiante de medicina, te preguntaste si te estaría esperando en la siguiente estación, y en ese momento te diste cuenta de que en la próxima estación, la gente subiría por la puerta en la que se había estrellado tu rostro. Viste a través de los vidrios los rostros de fastidio generalizado de la gente, o tal vez ¿sería tú reflejo?, tratando de ubicar entre ellos al estudiante de medicina, sólo te topaste con la mirada de incredulidad de una muchacha no mayor que tú, de pelo castaño oscuro y ojos hermosos, que al igual que tú fue arrastrada por la gente. Por azares del destino quedo frente a ti, al cerrarse las puertas, ella esbozaba una risa nerviosa y con la mirada buscaba un lugar de donde asirse.
En ese momento caíste en cuenta de la situación, tu mano aún seguía aferrada del tubo, la derecha en la cual siempre llevas tu portafolio de piel y que dejas colgar en situaciones como esta, se encontraba a la altura de tu pecho, por la simple razón de que en el antebrazo llevabas la bata blanca, pero no sólo eso, sino que también descansaban los pechos de la muchacha. Le sonreíste de la manera más amigable (que más podías hacer) y le dijiste – Siempre viene así en las mañanas ¿no?- ella nerviosa te contesto – Es la primera vez que me subo al metro- y de esa manera comenzó una charla que se prolongo por dos estaciones más hasta La Raza, donde ella descendió por la puerta contraria dejándote una tarjeta de presentación del pequeño despacho donde laboraba, la entrada y salida de gente casi hace que la tires, así que rápidamente la metiste en una de las bolsas de la bata y buscaste la seguridad de un tubo para agarrarte y no perder el equilibrio.
Ibas pensando en la joven de cabello castaño, en que habías prometido llevarla a conocer el centro de la ciudad, cuando una voz te devolvió a la realidad, frente a ti estaba el estudiante de medicina dándote las gracias por levantar su bata, sólo alcanzaste a decirle – no fue nada- pero tu voz quedo ahogada por el timbre de cierre de puertas, y viste al estudiante de medicina, que ya no te parecía estudiante, alegarse con tus más recientes ilusiones. Ahora escuchas en tu mente – Que estúpido, en realidad eres un estúpido-.
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