El viaje
Por: Victor M. Castro
Al bajar del camión en aquella pequeña Terminal de camiones noto que le dolía todo el cuerpo, la gripa sumada a los asientos supuestamente acojinados del camión habían acabado por molerle todos los huesos del cuerpo. Era una Terminal grande para el pequeño pueblo donde se encontraba, una gran sala de espera repleta de de incomodas sillas de plástico blanco unidas entre si formando bancas, como las que se encuentran en el seguro social, esas que supuestamente son anatómicas, -será a la anatomía de un extraterrestre, porque no hay quien se acomode en ellas -pensó.
En un extremo de
Se acerco a la ventanilla y pidió un boleto para la ciudad de México, eran ya las 12 del día del 24 de diciembre y estaba a 10 horas de camino del metro tasqueña. El dependiente que de cercas se veía aun mas joven consulto una computadora, una Terminal con Internet que le daba la información le dijo:
– Lo siento, no tenemos lugares en el próximo camión a México-
- a lo que solicito revisara en la siguiente corrida- pero no obtuvo los resultados que esperaba, el único asiento disponible era en el camión de las 10 de la noche. No le quedo mas remedio que resignarse a esperar 10 horas mas, ya no para llegar a la cena de navidad si no mas bien al recalentado.
Compro el boleto y se dispuso a documentar la mochila que cargaba en la espalda, el niño-vendedor de boletos resulto ser el mismo que se encargaba de documentar el equipaje, menciono que no se podía documentar con tanto tiempo de anticipación, simple y sencillamente, porque no tenia donde colocarlo.
Resignado a tener que esperar regreso al pequeño kiosco y compro una torta de queso de puerco con aguacate y una coca y fue a sentarse a la entrada junto a una planta. Recargado en la maceta viendo el ir y venir de la gente que sale a realizar compras de ultimo minuto para preparar la cena de navidad. Comenzó a recapitular los acontecimientos de los últimos días y como se fue complicando su vida, la excavación se había mantenido sin grandes sobresaltos, tres meses de excavación de pequeños contextos domésticos pertenecientes al contacto, sin mucha arquitectura solo una o dos hiladas delimitaban las pequeñas casas y toneladas de cerámica de uso domestico era todo lo que se tenia registrado.
Ya casi había olvidado todas esas historias que reza “…..siempre es al final de la excavación cuando comienzan a realizarse los hallazgos mas importantes” la verdad nunca habías estado en un cierre de excavación ni tenias las mismas responsabilidades que en esta; pero fue así y en las ultimas dos semanas en lo que creíste que era un basurero sin mayores complicaciones tus trabajadores comenzaron a encontrar varios entierros que te detuvieron e hicieron que terminaras de entregar todo tu trabajo hasta el día de hoy.
Sacaste un libro de tu mochila una novela PTII que tanto te gusta y comenzaste a leerla desde el principio y de esta forma comenzó la larga espera, no habías leído ni dos páginas cuando una señora se te acerco
-Joven, me puede dar su hora.
-Claro que si, son cuarto para las dos de la tarde.
-No sabe usted dónde puedo tomar un taxi.
-Mmmmm!!! La verdad no señora, porque no pregunta en la taquilla- y al voltear a la taquilla te pareció que algo había cambiado aunque no supiste precisar que.
La señora se alejo rumbo a la taquilla y tu la seguiste con la mirada, no habías notado que el señor que se encontraba sentado directamente frente a ti, te miraba esbozando una picara sonrisa.
- Como la ve joven?
Lo volteaste a ver un poco turbado por la pregunta
-eh, no estaba viendo a la señora- le contestaste
-No se apene la vista es muy natural.- dijo, Y volvió a hundirse en su periódico.
Tú regresaste a tu libro y continuaste leyendo. Después de un rato buscaste en la bolsa de la camisa un chicle pero solo encontraste la envoltura vacía, así que te levantaste con la intención de ir al quisco por unos chicles, pero al acercarte viste algo muy extraño la muchacha que hace un rato te atendió se veía de mayor edad, pero lo que de verdad te sorprendió fue encontrar chicles motita, compraste cinco sin importar que costaran dos pesos cada uno y buscaste un lugar en las bancas para sentarte, no porque estuvieran completamente llenas sino porque no querías estar cerca de niños gritando y corriendo. Por fin ubicaste el sitio más apartado para continuar leyendo.
Apenas ibas a tomar asiento cuando un viejito que creíste que dormía apaciblemente te dijo- Sabe yo conozco al padre-
-Perdón- le dijiste
-Que conozco a Paco Ignacio primero- dijo –lo conocí en el Universal, trabaje como corrector en el periódico.
En ese momento invadió la sala el sonido de un altavoz
-PASAJEROS CON DESTINO A LA CIUDAD DE MEXICO CON BOLETO DE LAS 3:30, FAVOR DE ABORDAR EL AUTOBUS NUMERO 1403…
El viejito se levanto lentamente y te dijo- ese es mi camión- y comenzó a caminar hacia la puerta que comunica la sala con el patio de camiones
woo k intenso me kede con la duda de k pasara cuando lo terminaras att ana
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