Por Marisela C. Farías
Me encuentro caminado sobre Bolívar, en el centro de esta gran ciudad conocida como DF, cada segundo me hace pensar el porqué de mi paseo, por más que busco una respuesta no la encuentro. ¿Esto es un paseo? No, no fue planeado, no disfruto de cada paso que doy, ni siquiera observo lo que hay a mi alrededor, me mueve la inercia.
No quería quedarme ni un segundo más sola en casa, salió la oportunidad de encaminarme a esta calle tan común, tan cotidiana, tan simple. Cruce una manifestación en apoyo a los presos políticos de Atenco, un tema tan común en los últimos años, tan cotidiano, igual que la calle, que las marchas y mítines, tan míos.
En un segundo, o tal vez más, me encuentro en camino a una rosticería, pienso en comer una torta de pollo junto con mi acompañante, que cambio tan rotundo de dirección, pero ¿Cuándo tuvieron dirección mis acciones el día de hoy? Nunca, así que para que quejarse.
El semáforo de 16 de septiembre y Venustiano Carranza, es un fastidio, la luz roja parece eterna, no falta quien choque conmigo se atore con mi bolsa sin ni siquiera pedir una disculpa. Entre tanto ruido, escucho en tono sarcástico a mi acompañante , comentando los chismes de la portada del TV notas, ¡que basura!
Por fin, luz verde, tal vez esa torta que me ha motivado alivie mi malestar, desde muy temprano me tiemblan las piernas, de repente sudo frio, tengo nauseas, pero bueno ya sólo faltan unos cuantos pasos, unos cuantos locales, y en la meta la vitrina que exhibe papas fritas en bolas metálicas, en las paredes de mosaicos blancos cartulinas y fotos de pollos fritos. Pero, el vendedor no se deja ver.
Vencidos por las circunstancias, una cansada y otro entusiasmado, caminamos hacia el metro, una vuelta en “U”, para finalizar un viaje sin más destino que el lugar de origen.
San Juan de Letrán, una estación del metro tan común, tan mío, que él sólo pensar en él me hace sentir en casa, porqué la abandone hoy, mejor hubiera esperado hasta mañana, pero como dice el dicho “el hubiera no existe”.
Una malteada, en el Moro las hacen muy ricas, una afirmación que es un hecho, tal vez eso si me haga sentir mejor, qué más da.
¡Qué suerte! Hoy no es mi día, está cerrado. Qué le pasa a está ciudad, se desmorona de la peor manera, un local de 77 años ya no está.
Dicen que veneno mata veneno, una hamburguesa y unas papas, sobre el Eje Central se encuentra un McDonalds, una vez al año no hace daño. Y además, nada peor puede pasar el día de hoy…
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