miércoles, 18 de agosto de 2010

Una Pluma, un Baúl de Recuerdos (estreno)

Con está nueva sección queremos cumplir las ambiciones de nuestros lectores, personas que gustan de leer nuestras trayectorias antropológicas, que para algunos pueden ser puros cuentos.

Sin importar que seas medico, psicólogo, químico, madre de familia, empleada domestica, tienes mucho que compartir; experiencias, recuerdos, sueños, tristezas y alegrías, y que por medio de este espacio, donde cualquiera puede ejercer libremente su profesión y dejarla fluir por medio de la palabra, se inaugura Una Pluma, un Baúl de Recuerdos.

Sin más que agregar, le damos la pluma a nuestra primer aportación.
Gracias.



Dices que no te quiero....


por Guadalupe Farías Miranda


Uno de mis más grandes deseos era tenerte. Un hijo varón, quien viviera muchos, muchos años. Ya que Dios, sólo me los dejaba 3 o 5 meses de embarazo, para después llevarlos de regreso con él. Por fin, se compadeció, y te dejo en la Tierra aquí conmigo….

Los 8 meses que estuviste en mi vientre, fueron de alto riesgo, podíamos perder la vida los dos, o por lo menos eso decían los doctores. Sin embargo, decidí aceptar la voluntad de Dios. Así que con él entramos al quirófano… naciste tú y yo contigo.

Cuando te tuve por primera vez en mis brazos, te vi tan grande, hermoso, con tu piel morena; con esos ojazos angelicales, que me veían fijamente como diciendo “soy un niño y Dios me mando contigo, porque tú me pedisteY ¿quién más podría haberme entregado un ser tan perfecto y maravilloso?

Te defendí peor que una leona de burlas y ofensas, velaba tu cuna mientras dormías, queriendo saber tus sueños de bebe; trabajaba, no sólo en casa, no sólo lo indispensable, para que no te faltará hasta lo que no pedías.

Dices que no te quiero…

Cuando fuiste creciendo junto con tus hermanas, me era difícil educarte, como lo que eras un niño. Cuanto sufría el enseñarte las labores de la casa, no por tratarte como un sirviente, sino para formarte como un hombre y no como un macho que todo se le da en la mano.

Cuando quería enseñarte no sólo a hablar, sino que aprendieras a convivir con tus semejantes, imaginándote como un buen coordinador, un líder con todos los aspectos positivos. Me costaba tanto trabajo el aguantarme la risa a carcajadas, y tener que hacer un gran esfuerzo para poner cara seria o hasta enojada por tus puntadas y travesuras. Me dolía y quemaba mi corazón, por el haberte regañado, castigado y hasta gritado por corregirte.

Dices que no te quiero…

Cuando yo te decía ¡Estudia y aprende! Para que tengas una mejor posición económica para que todos esos conocimientos y con ayuda de tu sabiduría no perdieras la libertad, a causa de la ignorancia. Llena de ansiedad quería hacer de ti un hombre de provecho para el futuro, para servicio tuyo y de la sociedad.

Te compraba ropa y zapatos, que tal vez no te gustaban, y no por imponer mis gustos, sino porque estaban en barata y era para lo que me alcanzaba. Que difícil para mí, exigirte virtudes en donde se carece de todo, cuando Yo tu madre, es una mujer común y corriente.










No hay comentarios:

Publicar un comentario

Fragmentos y actividades dentro del marco del Taller Morelos entre líneas.   Mayo 2018.     Víctor Castro.   Soy un...