Por Marisela C. Farías.
El anillo de compromiso encierra una promesa, un sueño que de una u otra manera ha sido alojado en nuestro ser, ya sea por los cuentos de hadas, las películas románticas o las conversaciones de nuestros familiares; un amor eterno.
El anillo de compromiso, tiene que sufrir una metamorfosis, pues es sólo una promesa. Esta evolución se da a través de un ritual de un alcance mayor, pues mientras para la entrega del anillo de compromiso son sólo necesarios la pareja de novios, para el matrimonio se incluye a toda la familia de cada uno de ellos.
Pero, para llegar a consagrar a una pareja en matrimonio, se necesitan cubrir con ciertos requisitos, en primer lugar, ambas partes de la parentela tienen que estar de acuerdo, o por lo menos haberse resignado a la decisión de los novios. Pues aunque el matrimonio parezca una cuestión de dos, cabe recalcar que es la alianza que se irá reforzando con los años entre familias.
La presencia de familiares, principalmente de los padres, es necesaria para formalizar el compromiso en una pequeña ceremonia donde se hace el pedimento de la mano de la joven, la cual también tiene sus peculiaridades a partir de las creencias y costumbres de cada familia, puede ser una ceremonia donde el pacto se selle con una copa de vino o con la entrega de cabezas de ganado.
Con este compromiso sellado por el consentimiento de ambas familias se empiezan los preparativos para la Boda, donde se incluyen los requerimientos civiles y/o religiosos para certificar legalmente dicha unión, pero también todos los elementos simbólicos que los envuelven como; el vestido, el ramo, las arras, el lazo, las invitaciones, el lugar donde se efectuará la ceremonia, etc.
Y aunque la lista de los elementos simbólicos sea extensa, la mayoría son secundarios, es decir, refuerzan el significado que se encierra en un par de objetos que son indispensables en una Boda, me refiero a las argollas de matrimonio.
Para cuando la ceremonia de matrimonio se lleve a cabo se necesita cumplir con todas los exigencias necesarias, pero para que se consolide el anillo de compromiso deberá ser substituido por la forma más simple de un anillo, la argolla.
La argolla, un simple aro en apariencia, encierra un mensaje de amor que no tendrá ni principio ni fin, que será eterno. A partir de este momento los ahora esposos son reconocidos como tales ante la sociedad, sus roles han cambiado, a responsabilidades ya existentes se han unido otras. Y a diferencia del compromiso, donde sólo una de las dos partes utilizaba el anillo de compromiso, las argollas son visibles en la mano izquierda de cada esposo.
Pero las ahora argollas no sólo materializan el amor que dos personas tienen entre sí, llegan a materializar a una institución social. Desde el aspecto legal, es visto como un estado civil, un conjunto de cualidades que distinguen y establecen los derechos y obligaciones de los individuos en relación a la sociedad en la que se desarrolla, dicho de otro modo, consiste en la situación jurídica concreta que posee un individuo con respecto a la familia, el Estado o Nación a la que pertenece.
Sin embargo, este no es el único tipo de institucionalización del matrimonio que puede verse reflejado en las argollas de matrimonio, pues el aspecto religioso es igual de relevante. La unión matrimonial religiosa va más allá de un contrato legal, ya que no se encuentra sellada por ninguna ley terrenal sino más bien por una ley divina y suprema. Este matrimonio no sólo significa la fidelidad entre los cónyuges también a dogmas de la religión en la que se han unido.
A diferencia del matrimonio civil, el matrimonio religioso puede ser indisoluble y su finalidad se encuentra encaminada a la proliferación de la estirpe.
Todo esto vuele a un simple aro de metal puesto en la mano izquierda de los esposos en una compleja argolla de matrimonio.
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